#writober2024día03
TÍTULO: Triestina
POR: LEILANI Z VARGAS
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La noche se negaba a avanzar.
Se mantenía estática y fría. Las cortinas no lograban resguardar la pequeña habitación de hotel de una sola cama matrimonial, la sábana y la única cobija simulaban estar empapadas por falta del calor en la habitación.
Monique acostada sobre su lado derecho en posición fetal movía los pies nerviosa tratando de generar inútilmente algo de calor. Sus ojos cerrados con fuerza dibujaban líneas prematuras en su piel. Su cabello negro reposaba en la almohada también casi helada y era peinado con cariño por la dulce abuelita Triestina, sus huesudos dedos producto de la edad eran firmes al trenzar el cabello de Monique.
El silencio no era opcional, Monique lloraba en sus adentros y Triestina rezaba demasiado alto para ser un susurro pero demasiado bajo como para tratarse de una plática.
— Esta gran tormenta me hizo un favor mi niña, si no, como te hubiera conocido y cómo te hubiera contado todos estos secretos — decía la abuelita Triestina terminando de trenzar el cabello de Monique y acariciando su cabeza como si se estuviera desahogando sola con una muñeca entre las manos. — Y si no me hubieras dado el pase en la puerta mi niña, el joven de las llaves nos me hubiera creído que eres mi nieta, no me hubiera metido a dormir aquí y yo estaría durmiendo en la calle por tu culpa, en la tormenta, solita. Me iba a morir. — la abuelita acomodó las trenzas hechas, se acomodó para dormir junto a Monique, se recostó sobre su lado derecho, pasó su brazo por encima del cuerpo de su compañera y se fundió con ella en un abrazo obligado, acomodó su codo izquierdo bajo su cabeza de modo que sus labios quedaron muy cerca del oído de Monique quien ya sudaba frío en su tormento.
—Fui yo mi niña— susurró la viejecita acercando todavía más sus labios al oído de Monique — la calle es mala mi niña, te quita muchas opciones, pero te brinda otras. Comí gatos panzones de familias tontas que los dejaban salir ahí como si el mundo fuera suyo. Me comí a los pobres gatos secos que tienen menos carne que los huesos del desperdicio. También algunos perros, esos son muy tontos, muy confiados, como tú, es muy fácil engañarlos con alguna cosita y ya está. Las palomas tampoco estuvieron mal, he comido desperdicios toda mi vida en la calle, me cansé mi niña…
Pero también me cansé de los animales, son muy fáciles algunos y muy desgraciados los gatos mañosos. Pero un día los vi y necesité hacerlo niña, me entiendes, o no, no importa, seguro tu comes como princesa, has de tener tanta comida cada que quieras que te has de poner en tontas dietas para estar así de flaca como estás, no entiendo porque la gente que puede comer y no pasar hambre escoge no comer para estar flaco, no saben lo que se siente no tener que comer. — La anciana chasqueó la lengua con los dientes con un sonido rápido pero repugnante — esos dos eran sanos, casi regordetes, de una casa del centro, bien comiditos, siempre solitos pobrecitos. Les hacía mimos, los checaba que no les pasara nada y un día que su mamá los dejó salir a jugar, los llamé, les dije que tenía un secreto de magia y se lo creyeron, me siguieron como perritos — la ancianita se rió de su travesura como niñita— me metí en una casa abandonada en la que siempre andaba yo y les dije que el secreto mágico estaba dentro de un saco grandote que ahí había, que se van metiendo solitos. Bien fácil que fue — se continuó riendo la viejecita.
Las atrocidades que les hizo a los niños fueron tales que Monique experimentó una alteración en su sistema nervioso que le provocó varios desmayos en cadena al escuchar tales atrocidades, su cuerpo débil, atrapado por el brazo y la voz de la ancianita temblaba de frío y de terror, no podía más, su mente se desconectó temporalmente para no seguir escuchando tales crímenes pero la anciana dijo algo que ella aún tuvo la mala suerte de escuchar claramente mientras le restregaba su panza inflamada en la parte baja de su espalda — todavía tengo la tripa cargada de esos dos chiquillos. —
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
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Queridos lectores, espero que el cuentito de hoy a pesar de ser corto les agrade. Justo hoy hablando con un amigo que también ama las letras terroríficas hablamos un poco de lo curioso que resulta que escritores grandes como Edgar Allan Poe y demás contemporaneos alguna vez fueron nadie escribiendo alguna columna de alguna revista, alguna vez fueron ese escritor que nadie leía y que quizá hasta escribió por amor al arte. Hoy yo soy ese escritor no reconocido desde mi blog y algun grupo de facebook, algunos otros lo son desde foros o páginas diversas. Me pregunto si algún día llegaremos a ser grandes como ellos, míticos. Los muchachos que fueron escritores pedorros que pocos leen que hoy son GRANDES de la literatura del terror.

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