#writober2024día02
TÍTULO: Risa o Tortura
POR: LEILANI Z VARGAS
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—Le estoy diciendo la verdad, ¿por qué no me creé? — espetó Carlos enojado al borde de las lágrimas.
— Porque es una ridiculez lo que usted me está diciendo señor…— el policía se volvió a ver el INE del hombre— Carlos Robles. Señor Robles, le voy a pedir de favor que se retire, no nos haga perder el tiempo y tampoco nos obligue a sacarlo a la fuerza. —
Carlos Robles se tiró del cabello con enfado en un arranque de desesperación, sus ojos irritados por el coraje que le hervía la sangre miraban al policía rogando en silencio con cada partícula de su ser. — Míreme los pantalones por favor, déjeme al menos hablar con alguien, alguien que si quiera ayudarme— El policía asqueado lo volvió a mirar de arriba abajo.
— Estoy cansado de esto— dijo masticando las palabras para sí mismo. — Señor Carlos Robles, le vuelvo a pedir que se retire de manera pacífica, su estado actual es repugnante, sus pantalones están sucios de… suciedad, claramente usted se pasó con las frías y la mariguana y anda todo cruzado acá quitándome el tiempo. — Miró su reloj— Quédese a hacer lo que quiera, mi guardia acaba de terminar— el policía se metió a un cuarto, sacó sus cosas e indolente dejó a Carlos Robles quien no podía creer lo que estaba viviendo.
La estación se quedó casi sola, Carlos escuchó al policía caminar, saludar a un colega y decirle: Ahí está un bato cagado y meado, cuidado, no hace daño pero no se calla y apesta a madres. Espero que sigan abiertos los tacos de Doña Señora.
Carlos aguantó la respiración, en verdad apestaba, peor aún, su piel se estaba irritando en la parte interna de sus muslos y sus glúteos pues llevaba ya mucho tiempo en su suciedad.
El otro policía entró en el cuarto con el gesto facial preparado para la peste, la nariz arrugada en guardia y los ojos entrecerrados, miró a Carlos escaneandolo de arriba abajo deteniendo la mirada en sus pantalones sucios un segundo.
—Sí, me cagué, pero necesito que me escuche por favor, hay un loco que casi me mata, por eso estoy así ¡por favor escúcheme! — suplicó Carlos al borde de la histeria.
El policía serio prometió que lo escucharía, después que se cambiara los pantalones y se lavara como pudiera con el jabón del baño de ahí. Una vez limpio con un pants prestado de quien sabe quien, Carlos se sentó frente al policía bueno con una mirada de gratitud que por poco dejaba salir lágrimas de un cúmulo de emociones.
—Te escucho… — miró el INE que había recogido del suelo momentos antes — Carlos, te escucho —
Carlos se talló las manos en sus pants donados — Ok, mire, ayer fui con una chava por unos drinks, fuimos al bar del hotel de acá a la vuelta, el Pamela´s, había un montón de gente pero la verdad, siendo bien honesto pues yo creí que estaríamos ahí un rato y luego quizá subieramos a pasarla bien arriba, la chava se veía buena onda y de mente abierta, madura de mente sabe? Los tragos se acababan y se acababan, estábamos ya sabe conectando chido y todo entonces fui a pedir una habitación pero el señor que estaba atendiendo se tardó en darme el servicio porque había un vagabundo ahí molestando, el caso es que me da la habitación diez y me voy a decirle a mi chava, ella me dice que todo chido que primero va al baño ahí al bar y me alcanza. Subí porque la verdad ya estaba bien cansado de la gente y no la quise esperar, llegué al cuarto, todo bien, prendí la tele y que pongo una peli ahí no más y en eso toca la puerta mi chava, me paré rápido a abrir y cuando voy abriendo la puerta le dije: Hasta que llegas preciosa. Me contesta: Hola bizcocho. Pero no era la chava, era el vagabundo que estaba molestando en recepción antes y entra a la fuerza a la habitación, la neta si me asusté un montón. Bien propio el don agarró se sacó las botas mugrosas y se acostó en la cama, así no más y empezó a decir que no que estaba bien buena la película del ogro verde que nunca la había visto. Yo me había quedado así como paralizado sabes, creo que cualquiera reaccionaría igual. Ni me dio tiempo de detenerlo cuando se levantó agarró la llave que estaba en el tocador y puso seguro, trabó la puerta y yo ya no iba a poder salir. —
— Y ¿qué fue lo que hizo? — preguntó el policía con cara de estar viendo un programa televisivo de chismes — ¿lo… agredió físicamente, sexualmente?... ¿mentalmente? —
—¡Sí! — gritó Carlos
— ¿Sí, cuál señor Carlos Robles? —
— Sí, me agredió mentalmente se lo juro —
— ¿Lo amenazó de muerte o amenazó con hacerle algún daño? —
Carlos Robles tomó aire y respondió con aire serio — Me contó chistes —
El policía ahogó una sonrisa involuntaria que lograba salir al mirar a los ojos llorosos de Carlos que en verdad rogaban que le creyera.
—Que le dijo pues—
—Me agarró y me aventó a la cama y con una cuerda sucia que traía en su chamarra asquerosa, me amarró los pies, el tronco y las manos como si yo fuera un poste, jaló una sillita que estaba ahí a un lado se sentó, sacó una como pluma grandota que yo creo hasta piojos traía esa madre y me empezó a contar los chistes más estúpidos que he escuchado en mi vida. Que knock knock quien es, soy yo. Que mira mi dedo. Que el girasol que gira no se qué de no se quién, pero lo peor es que como no me daba risa y yo estaba muy asustado el vagabundo me hacía cosquillas en los pies con la pluma piojosa y se reía a carcajadas y yo asustado le pedía que no hiciera eso pero más lo hacía y era tanto mi terror, mi shock mi incomodidad y lo hizo por tantas horas que llegué a orinarme encima varias veces y también pues defequé más de una vez y me batí horrible porque me seguía haciendo los chistes y las cosquillas y creí que me iba a morir de esa risa nerviosa en ese cuarto de hotel— Carlos rojo como jitomate esperó a que el policía dijera algo.
— Y ¿qué pasó? —
— Llegó a la mañana siguiente la limpieza de cuarto y abrieron con su llave no sé, el vagabundo salió corriendo como gorila y gritando “¡se cagó el güerito!” , la señora de limpieza me ayudó a desamarrarme y yo salí corriendo para acá. —
El policía lo miraba fijamente con las manos entrelazadas sobre el escritorio escondiendo su risita tras de sus manazas.
— Por favor, dígame qué pueden hacer algo por mí —
El policía no se aguantó más la risa y respondió — Pinche don Chato, creí que nos estaba tomando el pelo con la apuesta y ahora le debo un quiñón. —
Carlos sin poder creer lo que escuchaba se levantó y se fue corriendo de la estación dejando los pantalones cagados olvidados en el baño de la estación.
*
— No manches Charly, que onda con tu cuento we — Le dice Paco al levantar la mirada del texto impreso que había estado leyendo en frente de todos.
— Ay— se lamentó Carlos — es que necesitaba hablarlo, pero no tenía cómo decirlo, así que mejor así — confesó Carlos blanco y colorado al mismo tiempo de la vergüenza.
— A ver we, ¿la Danny te terminó esa noche we y esa noche neta pasó eso? — Preguntó Ethan su hermano menor quien tomado de la mano de su novia Barbie se aguantaba la risa en secreto.
— Sí, me terminó la Danny porque pues no me ha vuelto a hablar we, pero lo peor la neta fue lo del vagabundo loco y necesitaba sacarlo de mi sistema we. —
— Pinche Charly— se comenzó a reír su cuñada Barbie— ¡cómo no ubicabas a don Chato! —Barbie y Ethan no podían contener la risa— ¡Ahora se quien es el güerito que dice que le quería pagar por favores mundanos!—
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
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¡Hola! ¡muchas gracias por leer mi cuentito de hoy! la consigna de terror-comedia u horror-comedia (según toque) siempre es la que más me cuesta trabajo, pero francamente esta vez me divertí escribiendo esta historia así que espero que al menos este churro-cuento les haya relajado un poquito el día a día.
Mañana seguimos con la historia #3 del Writober y continuamos con recomendaciones y todo lo que mi amada Creepy season representa.
¡Un abrazo enorme!
Att: Leilani

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